Halloween en las Lagunas de Ruidera: plan sin disfraces
Un puente de Todos los Santos sin fiestas de disfraces: otoño en las lagunas, chimenea encendida y la leyenda real que empieza en la Cueva de Montesinos.
Plan de fin de semana en las Lagunas de Ruidera: qué lagunas ver el sábado, la ruta del Hundimiento, la Cueva de Montesinos y dónde comer sin colas.

Dos días dan justo para lo importante: bañarse en la laguna que toca, subir al mirador que compensa el rodeo y bajar a la cueva que puso a Ruidera en la literatura española. Este es el plan que le contamos a la gente que se aloja con nosotros, ordenado para que no haya que deshacer camino ni pelear por aparcamiento.
Empieza temprano. Entre julio y agosto, los aparcamientos de la Laguna Colgada y la Laguna del Rey se llenan antes de las once, y a partir de esa hora se entra por turnos.
Sube por la carretera CM-3115 desde Ossa de Montiel y para primero en el mirador de la Laguna del Rey. Es la parada con mejor relación entre esfuerzo y vista de todo el parque: diez minutos andando desde el coche y tienes delante la cascada y el escalón travertínico que separa una laguna de la siguiente. Ahí se entiende de golpe cómo funciona Ruidera: quince lagunas que se desbordan una sobre otra formando represas de roca caliza.
Después baja a la Laguna Colgada, que es la más grande y la que tiene servicios: chiringuito, zona de sombra y alquiler de kayak y piraguas. Si vas a remar, hazlo por la mañana; a mediodía el viento se levanta y el agua deja de estar en calma.
Con el calor de la tarde, la mejor decisión es meterse bajo tierra.
La Cueva de Montesinos está a nueve kilómetros y es la parada con más historia del parque: es donde Cervantes hace descender a Don Quijote atado con una soga en el capítulo XXII de la segunda parte. La visita es corta, la bajada tiene tramos resbaladizos y se agradece llevar calzado cerrado y una linterna aunque haya iluminación.
Al salir, acércate al Hundimiento: la cascada más fotografiada de Ruidera, donde la Laguna del Rey se despeña sobre la siguiente. En primavera y tras las lluvias baja con fuerza; en agosto, seco o casi. Merece la pena en cualquier caso por el paseo entre la vegetación de ribera.
Si aún queda luz, las ruinas del Castillo de Rochafrida están a siete kilómetros y casi nunca hay nadie. Son cuatro muros del siglo XII sobre un cerro, pero el atardecer desde ahí vale por el desvío.
Las lagunas de abajo —Lengua, Redondilla, San Pedro— son más tranquilas y tienen un color distinto, más verde que turquesa. Es el paseo bueno para el domingo por la mañana, cuando ya no quedan fuerzas para andar mucho.
Guarda tiempo para comer en Ossa de Montiel o en Ruidera pueblo. Es donde se come de verdad y no de menú turístico: pide gachas manchegas, migas ruleras o cordero. En temporada alta, reserva mesa el día antes; son pocos sitios y se llenan.
El plan sale mucho mejor si no tienes que conducir una hora al empezar y al acabar el día. Nuestras cabañas en Ossa de Montiel están en el arranque del valle: las primeras lagunas —Redondilla, Lengua y San Pedro— a diez minutos, y la Colgada a un cuarto de hora. Son seis casas de piedra y madera, con piscina, chimenea y porche privado con barbacoa: dos de planta baja para seis personas y cuatro con los dormitorios en la buhardilla para cinco. Puedes reservar una o varias, según seáis los que vengáis.
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