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Cueva de Montesinos: cómo visitarla y el Quijote

Guía de la Cueva de Montesinos, en Ossa de Montiel: qué es, cómo se visita, qué calzado llevar y por qué Cervantes hizo bajar a Don Quijote a ella en la segunda parte de la novela.

6 min de lectura

Boca de la Cueva de Montesinos entre rocas calizas y tierra roja, en Ossa de Montiel

La Cueva de Montesinos es una cavidad kárstica en el término de Ossa de Montiel, dentro del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, y es el lugar con más literatura de toda La Mancha: es donde Cervantes hace descender a Don Quijote atado con una soga, en los capítulos XXII y XXIII de la segunda parte.

Es también la mejor parada del parque para un día de calor o de lluvia, porque dentro la temperatura no cambia.

Qué es exactamente

Una cueva formada por la disolución de la roca caliza, como todo lo que hay aquí: las mismas aguas que van depositando las barreras de travertino entre laguna y laguna son las que han ido vaciando el subsuelo. La boca se abre en una dolina y se baja por una rampa hasta una sala principal.

No es una cueva turística de las de pasarela y luz de colores. Es una cueva de verdad, con el suelo irregular y húmedo.

Cómo se visita

  • Se baja andando, por una rampa con tramos resbaladizos. No es apta para carritos ni para problemas de movilidad.
  • Calzado cerrado con suela. Esto no es un consejo de manual: la roca mojada resbala.
  • Linterna o frontal, aunque haya iluminación. Y el móvil no siempre basta.
  • Algo de abrigo, incluso en agosto. Dentro se está fresco.
  • La visita es corta: se resuelve en menos de una hora contando el paseo.

Las condiciones de acceso, si hay visitas guiadas y en qué horarios, las gestiona la administración del parque y cambian según la temporada: conviene confirmarlo en la web oficial del Parque Natural antes de ir, sobre todo fuera de verano.

Por qué está en el Quijote

En la segunda parte de la novela, Don Quijote se hace descender a la cueva y pasa dentro, según él, tres días. Al subir cuenta que ha visto a Montesinos, a Durandarte con el corazón arrancado y a Belerma, y que allí abajo hay un palacio de cristal donde Merlín tiene encantada a media caballería andante.

Lo interesante literariamente es que es el único episodio del libro donde el propio Don Quijote duda de lo que ha visto. Sancho no le cree, el primo tampoco, y Cervantes deja al lector sin resolver si fue un sueño. Está considerado el centro simbólico de la segunda parte.

Y hay un detalle que cambia cómo se lee: el sitio existe y es este. Cervantes no se lo inventó, lo eligió. Bajar los mismos metros que baja el personaje es la razón por la que esta parada merece la pena aunque no seas de cuevas.

Qué hay alrededor

La cueva encaja bien en una tarde con dos paradas más:

  • El Castillo de Rochafrida, ruinas de un castillo medieval sobre un cerro, a pocos kilómetros. Casi nunca hay nadie y el atardecer desde ahí vale el desvío.
  • Las lagunas altas —Redondilla, Lengua, San Pedro—, que están en el mismo tramo del valle y se recorren en un paseo llano de una hora. Van en las rutas de senderismo del parque.

Es exactamente el plan que recomendamos para el día que hace demasiado calor para andar, o para el que amenaza tormenta.

Preguntas rápidas

¿Se puede entrar con niños? Sí, con criterio: la bajada es resbaladiza y hay que llevarlos de la mano. A partir de cinco o seis años suele funcionar bien y les encanta la historia del Quijote bajando atado.

¿Hay que reservar? Depende de la temporada y de si hay servicio de guía. Confírmalo antes.

¿Cuánto tiempo hay que dejarle? Con una hora vas sobrado, incluido el paseo desde el coche.

¿Merece la pena si no me interesa el Quijote? Sí, pero menos. Si te da igual la literatura, es una cueva pequeña y bonita; si te interesa, es de los sitios con más carga simbólica de la literatura española.

A cinco minutos

La cueva está a cinco minutos en coche de nuestras cabañas, en la misma carretera de las lagunas. Es, de hecho, la parada más cercana de todo el parque desde aquí, más incluso que la primera laguna.

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